¿Recordar es vivir o morir?



Recordar es bueno para muchas cosas, como por ejemplo, para aplicar un aprendizaje, para agradecer, para reafirmarse en los éxitos del pasado,  o para reírse. Pero recordar para amargarse la vida es un desatino. 

Y muchas veces recordamos  para seguir martirizándonos  con la culpa, con la vergüenza, con la rabia, con el dolor y hasta con el desengaño. 

Y así hay mucha gente que va por la vida con ese morral a cuestas.  Los recuerdos ingratos esos que nos hacer sentir incomodos e infelices, nutren un pensamiento negativo y logran despertar sentimientos perturbadores a nuestra tranquilidad y paz mental, ocupan espacio y son pesados, hay que desecharlos.

No debemos darle oportunidad a que este tipo de pensamiento tome el control de nuestros diálogos internos. 

¡Recordar debe servir para vivir!